La Fundación y la Tax Foundation, el más antiguo think tank estadounidense de fiscalidad, han presentado en julio un profundo informe sobre el elevado coste del Impuesto sobre el Patrimonio, que ya está disponible en la sección Estudios del sitio web de la Fundación (en la versión PDF de esta revista, puedes pulsar sobre la imagen) Tan sólo cuatro países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) mantienen este impuesto tan nocivo: Colombia, Noruega, España y Suiza. En el resto del mundo desarrollado se ha abolido por diferentes razones: recauda poco, tiene un elevado coste de gestión y alienta la fuga de contribuyentes adinerados y de su capital.
Además, los impuestos elevados sobre el capital y el patrimonio frenan el crecimiento económico de los países. El Impuesto sobre el Patrimonio es, por lo tanto, arcaico y contraproducente. Sin embargo, España lo ha mantenido hasta hoy (pese a que se introdujo como «provisional» hace ya más de medio siglo). En España, la coexistencia del impuesto sobre el patrimonio con el impuesto sobre las ganancias de capital genera tipos impositivos marginales superiores al 100%. Así, los impuestos absorben todo el rendimiento de los activos gravados y, al ahorrar, el valor real del patrimonio se reduce. España es el único país en el mundo que además del impuesto sobre el patrimonio y sobre las ganancias de capital, también aplica un impuesto sobre las transmisiones patrimoniales, un impuesto a las transacciones financieras y uno de los impuestos sobre sucesiones y donaciones más gravosos de Europa.
En definitiva, España es, comparativamente, un auténtico infierno fiscal. En el marco del estrecho partnership entre la Fundación y la Tax Foundation de Washington, este nuevo informe viene a arrojar luz sobre esta gravísima situación española.



